Las hemorragias agudas se presentan a menudo como consecuencia de lesiones accidentales, operaciones y partos, como secuela de ciertas enfermedades como la tuberculosis y las úlceras de estómago e intestinos. Los síntomas son dramáticos. A menos que la hemorragia sea yugulada, se presenta rápidamente un cuadro de sudoración fría, disnea, rápido aumento de las pulsaciones, caída de la presión sanguínea, descenso de la temperatura, seguidos de náuseas, vómitos, convulsiones, shock y muerte. Además de buscar la fuente de la hemorragia, el médico debe determinar si ésta ha sido provocada por lesión grave de los vasos sanguíneos o por el fallo del mecanismo regulador de la coagulación de la sangre. Véase Coagulación; Hemorragia.
En la hemorragia crónica, los síntomas son menos alarmantes. Aunque el recuento de glóbulos no sea muy bajo, la hemoglobina aparece disminuida. La anemia crónica de esta clase se presenta como efecto secundario de algunas enfermedades como las úlceras gastrointestinales, cáncer, hemorroides sangrantes, menstruaciones excesivamente prolongadas y parasitosis intestinal. Siempre que sea posible se buscará y tratará la causa. En los casos graves se practican transfusiones de sangre.
Para más información ver: anemia.
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